Blog (Bitácora, si se prefiere) del Padre (que lo es) Don Francisco de Paula Gálvez e Inchausti y algunos de los heterónimos que con él transitan: Pakito Grillo, El Profano, Bruno Jordán,, etc. Editado a trancas y barrancas, anárquica y aperiódicamente sin ánimo de ofender (o sí, quién sabe) ad maiorem gloriam de las cuatro (o ninguna) neuronas que le restan, o al menos así se supone por los menos entendidos, al escribidor que esto subscribe.

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jueves, enero 26, 2006

EL DÍA MÁS FELIZ


Observad a este pipiolo virginal retratado a la derecha (con perdón). Ved, amadísim@s herman@s, la bondad destilada en el rostro del infante. ¿Acaso no proporciona una paz interior sólo comparable al visionado completo de La casa de la Pradera? ¿No incita al recuerdo del día más feliz de nuestra vida? ¿No nos eleva en espiritual escalofrío a las más altas sumidades de la transcendencia y el desapego por los mundanos bienes? En este totum revolutum que es nuestro planeta, imágenes como la que presentamos vienen a renovar las esperanzas en un mundo más justo, bello, próspero y feliz.

Todo lo anterior tendría validez si no fuera porque el interfecto era yo; y no fue el día más feliz de mi vida. Me picaba el traje como si me fuera la vida en ello, me apretaban los zapatos en proporción directa a la duración de la misa en latín con sermón interminable y no me habían regalado reloj alguno. Para rematarlo todo desilusionando a quien se ponga tierno, era un delincuente infantil que asesinaba lagartijas, saqueaba con nocturnidad las casetas de la playa de Castellón y maltrataba con fruición a mis pobres hermanitos.

Un inocente angelito, en suma, que no pudo engañar al fotógrafo, que, entre todas las instantáneas eligió ésta en que el truhán queda evidenciado en la sonrisa sardónica, con el labio ligeramente elevado al lado diestro.

lunes, enero 23, 2006

DE OÍDAS

Debe, cree, restringir sus visitas al bar del portugués. Lo barato del whisky nacional, cien pesetas por debajo de lo exigido en otros establecimientos, se ha convertido en un arma de doble filo para su bolsillo y estado físico, a más de los problemas que provoca en su de siempre deficitaria psicomotricidad.

A decir verdad, este tipo de propósito se lo lleva haciendo veinte años, cambiando tan sólo, o ni más ni menos, la ubicación de los negocios en los que su vida social se desarrollaba en proporción directamente inversa al tamaño del hígado, aunque habrá que reseñar en cuanto a lo último que nunca se le han detectado visceromegalias en las pocas y laboralmente obligadas revisiones a que se ha sometido, ignorando hasta la fecha qué tipo de enmascara­miento o milagro protege su tan maltratado órgano de las indiscreciones de los facultativos, a pesar de las obvias pistas que proporcionan las venillas dibujadas en los pómulos, más visibles cuando no está congestionado, y bien mirado ello sólo sucede muy de mañana cuando la voz se niega a seguir sus razonamientos y las miradas se desvían del resto de la cara hacia las gafas obscuras que han llegado a ser apéndice insoslayable de su faz. No es que se oculte, pero ni él se puede mirar la mayor parte de la jornada y cree acertar si opina que opinan los demás de igual manera, dando al traste con lo que reste de buena imagen en los pocos círculos que aún le respetan sin compadecerse, por ignoran­cia, connivencia o solidaridad obligada por la coincidencia de hábitos. Rota cualquier amarra con la cordura en el manejo de la exigua economía familiar, indolente cede a la atracción cotidiana de la puerta abierta del local. Pecata minuta, rezonga preparando la excusa casera por el dispendioso retraso a sabiendas de que ninguna valdrá y que la resignada falta de reacción por parte de su cónyuge es más impotencia rumiada en decenios que comprensión de lo que él llama su enfermedad. Todas las tardes exacto razona­miento para nada: cotidianamente recala en el bar a la vuelta del trabajo, sucio, cansado y recontando las monedas que le permitan mantener su parcela en el mostrador, hirviendo en culpas y autojustificaciones que remiten al cuarto de hora para volver, a la salida, en el corto trayecto hasta una cena que no sabe si tomará, mirada esquiva, frente a quien a veces cree engañar y otras sabe que no.

Añádese a lo que él ya contempla como la caótica novela de su vida un extraño toque rosa inimaginable en su coriácea estructura mental. Porque enamorarse a estas alturas del partido sólo admite la calificación de tragicómico. Siempre había atribuido ese tipo de pulsiones a inconsciencias juveniles que siquiera merecía la pena recordar, incómodamente, para no repetirlas o, como máximo, reconducirlas a sexo, única vía satisfactoria en asuntos de tal índole y hace lustros, alcohol o hastío por medio, ni eso. Lo masculla para sus adentros ya insensibilizado por la dosis rayana con el aviso en la garganta que le obliga a parar todos los días, desconoce si náusea física o regurgitación de amarguras cercanas y constantes. Pero no es la tardía pasión en sí lo que le descon­cierta y arrebola. Hasta el momento, y en todo caso de manera fugaz, sólo unas redondeces colocadas a su gusto o la leve insinuación de un escote seguido de agachadizo gesto podían devolverle instintos hibernados e imaginaciones no confesables en voz alta. Incluso recuerda amores de pago y tumultuarias fiestas de fin de año, o arrumacos con compañeras de trabajo cuya única derivación fue la negación del saludo a partir de entonces. Ahora no se trata de nada por él experimentado y eso le lleva a mal traer. Ahora es una voz lo que le encandila y sonroja hasta el punto de impedirle decir algo cada vez que la oye.

Una voz...¡Qué voz! Le retrotrae al tiempo que le hace progresar en futuros si no idílicos menos grises que los hasta ahora pergeñados. Recuerda los tiempos en que asistía al Real de la mano de su padre, todavía lúcido. Recuerda su ensimismamiento, maravillado ante la vibración de las cuerdas al contacto con el arco, perfecta­mente audible e independiente del sonido que producían y de su timbre, hasta el punto de que le parecían instrumentos distintos. Así ella, como si en su voz hubiese dos partes: la voz en sí, maravillosamente modulada, y el roce de las cuerdas, esa reverbera­ción exacta que humaniza y la hace más profunda a la vez que cálida. Voz promesa de comprensiones nunca halladas a pesar de su constante búsqueda; voz casi senten­ciosa en su justo tono grave; voz como servicial refugio ofrecido a quien la escucha, incapaz en apariencia de traición; voz que él llega a imaginar en tranquilos estertores amatorios a poco que cierra los ojos.

Nunca, en los últimos meses, ha logrado vencer su timidez. Nunca una mirada directa que rompa el hielo ni una frase de salutación o acercamiento, por no hablar de un contacto físico, imposible aun estando tan próximos. Si acaso la espía sesgando la vista en el espejo de la incómoda pilastra que, absurda­mente plantada en medio del mostrador, impide servir conforta­blemente. Bien es verdad que el puesto de vigía no siempre se encuentra disponible. Entonces, y hoy se da el caso, si cuando llega no está libre el rincón estraté­gico, avanza centímetro a centímetro casi reptando con los codos sobre el aluminio manchado con diversos líquidos ya pegajosos hasta conseguir la posición más ventajosa. Porque ella invariablemente ocupa el mismo lugar desde que, casualmente, un día él, cerrados los locales de la zona por vacaciones, entró en el establecimiento con cierta grima provocada por sus deficientes cualidades higiénicas, y los precios y la voz de ella le hicieron adicto.

Continúa acodado en la barra, haciendo esfuerzos por no tornar la cabeza y contemplarla descaradamente. Cada vez que la voz de ella se escucha, algo parecido a un placentero escalofrío recorre su espalda hacia arriba y él baja los párpados entreabriendo involuntariamente los labios con expresión que el camarero interpreta unas veces como estupor, otras como deleite y otras, según la forma de torcer la comisura, como sorna o frustración, atribuible a quién sabe qué monólogos interiores que la ingesta etílica provoca en los clientes asiduos. En ocasiones se pregunta el portugués por el vespertino bebedor solitario que ya ni habla: conocidos como son sus gustos, se le sirve la primera nada más entrar y las siguientes son reclamadas con el pulgar hacia abajo señalando el vaso vacío; paga sin equivocarse y marcha sin un saludo o un gesto de despedida. Y del mismo modo desaparecen los interrogantes, pues sólo faltaba meterse en la vida de la recua de patosos, fuleros y parias que le dan de comer.

Hoy el hombre, dolorosamente cansado, los pies, se dice, como morcillas, no ha logrado hacerse con su sitio hasta la tercera copa, límite forzoso de su presupuesto, y se recrea en ella más de lo acostumbrado, fija la vista en el azogue cuarteado de la pilastra, en que parecen multiplicadas por cinco las deposiciones de las moscas. Ve como se acerca a ella un hombre de mediana edad, chaparro y con bigotito. Él se tensa y los segundos pasan como horas, como días, como años en ese silencio terrible de múltiples conversaciones terminadas al unísono. Aspira sonoramente envarando los músculos del cuello y la oye, la oye cadenciosa, nítida, sugerentemen­te lúbrica:

- Encantados de servirle. Su tabaco. ¡Gracias!

jueves, enero 19, 2006

EL SABIO

Los pocos que tuvimos el honor de gozar del aprecio y la benevolencia de Aruyama, casi todos por aquel tiempo poetas aficionados, como un anciano chileno padre de una mediocre cantante, o un políglota ejecutivo de una multinacional informática al que los jóvenes queríamos colgarle del cuello una lápida por su afición a las conmemoraciones, o un fotógrafo que lo fue de lo más granado del gobierno local, o yo mismo, perro callejero con pedigrí, coincidimos en que su mayor aportación a nuestra enseñanza en los caminos de la filosofía vital fue el laconismo, rayano a veces en displicencia, con que nos despachaba. Lo escueto y a la vez rotundamente (por redondamente) acabado de sus aforismos, poemas y parábolas sorprende a propios y extraños, extrañándose a su vez éstos, que no nosotros los propios, de que en una sola frase, con una concisión pasmosa pudiera explicarse prácticamente todo con todos sus matices. Parco siempre en gestos, ahorrativo en la conversación y humildemente concentrado en las grandes incógnitas, a las que se acercaba desde el reconocimiento constante de la ignorancia y la duda, en ocasiones ni siquiera nos contestaba por más que pasábamos eternidades sentados frente a él.

Aquel día, cuando penetré en la habitación, Aruyama permanecía, como siempre, en el centro de ella, dando la espalda a la puerta, recostado sobre una alfombra de espesísimo pelaje. Apoyaba relajadamente en ella su mano izquierda e inclinaba hacia ese lado con levedad la cabeza. Cuando di un rodeo para enfrentarlo, percibí que estaba fijo en un voluminoso libro cuyos caracteres, como siempre, yo no entendía.

El libro era el único objeto, ni lámparas había, en aquella estancia de paredes y techo en un desvaído color naranja pastel, a tono con la alfombra que cubría casi todo el entarimado claro del suelo, formando en apariencia parte de él. En los paños del este y el poniente (la entraba daba al norte), en su exacto centro se ubicaban sendos ventanales que iluminaban sin sombras al maestro y al texto cuyo sentido nunca llegué a alcanzar.

Me senté a metro y medio de él, como era costumbre. Levantó la mirada y la mantuvo fija en mí sin articular palabra durante lo que tal vez fueran segundos y se me antojaron horas. Sentí cómo entonces sus ojos cortaban el aire penetrando en lo más recóndito de mi espíritu.

Solté entonces las riendas de mis inquietudes y, primero de forma compulsiva y luego con cada vez más serenidad, guiado por su mirada, expuse durante un periodo que debió ser extensísimo, pues cuando terminé la luz era ínfima y recuerdo haber visto en algún momento entrar el sol por el vano oriental, tal retahíla de preguntas que podrían haber llenado el tomo que él leía.

Inquirí sobre el sentido de la vida y nuestras acciones –o más bien las mías, he de reconocerlo- y errores, así como los matices que obscurecen nuestra trayectoria; demandé soluciones, le rogué iluminase mi camino en esta escuela de dolor y desacierto que es nuestra estancia aquí. Me vacié.

No movió entretanto un músculo de su cara. Fijos los ojos en mí, sólo los cambios de apoyo en un brazo u otro denotaban que el tiempo no se había detenido. Su semblante no reflejaba ningún tipo de emoción o sorpresa, y así permaneció un largo periodo tras dar fin a mi perorata.

Desconcertado con su silencio, esperé. Y esperé. Y esperé hasta que no pudiendo aguantar la ansiedad, me levanté, respetuosamente me incliné ante él y, volviendo a rodearle, enfilé hacia la puerta.

Entonces, sólo entonces, habló:

— Te estás volviendo pesadito, hijo. ¿Por qué no cambias de camello?

viernes, enero 13, 2006

MÁS CONTRAÉPICA

No has de buscar la luz en este ámbito,
reflejo cielo anaranjado en quejas.
Es un grito esta noche de susurros
transeúntes. Siquiera distinguida,
entre ahítas farolas, quedo el paso,
la caricia del que muerto saluda.
Piel del suelo que arañas,
telúrica ponzoña, semillero
podrido en negros magmas, acerico
en que hicieron diana puntas tórridas
y tu miras recreado en tu ceguera.

Sintético arrebol, toda la noche
anocheciendo al tiempo que amanece.
Qué agridulce sopor se clava en tus dos
piernas y en el manoseado vértice
de tus cavilaciones, tan ajadas
que sestea la muerte y se despierta
llevada por tus sueños que la acosan.

Poco hará que te aparten este cáliz:
tu vida en derredor sangra hojas yertas
y con sordo pisar se mueve en otros
pagos, marcha sin saber hacia dónde,

y tú no eres ni serás su dueño.

CONTRAÉPICA

ESO que llaman cuerpo y sólo eres
por más que transcendencias busques triste
debajo de la cama, entre los libros,
aferrado a las aves de tu augurio,
objetos, seres que te justifiquen
elevación distante, no mundana.

Solo cuerpo aquillado en ralos fondos
enlodados de jugos, ruidos, células
y eléctricas viscosas reacciones
dadas por bien en tanto te mantienes
vivo, dices, en lucha con tu espejo
abarquillado, irreflexivo, sucio.

Orógrafo de ti examinas, tientas,
palpas finito tanteando límites,
mundo que eres, sabido en tu ignorancia,
el ámbito habitado por los otros
cuerpos en colisión intencionada

también reconociéndose en sus ritmos.

domingo, diciembre 25, 2005

! HALA CON EL MADRID ¡

Vuelve mi pueblo, Madrid, y mi equipo, el Real Idem, a los tiempos del tardofranquismo, cuando la camarilla dirigente era supernumeraria del Opus y todos portaban el apellido López (López Bravo, L. de Letona, L. Rodó, etc.). Ahora se añade López Caro intentando solucionar la falta de luces de nuestros galácticos astros con sesiones de oración colectiva. El próximo fichaje de invierno para refuerzo será, seguro, un consiliario..
Ya se sabe: Equipo que reza unido...
Pues una y mil veces no. O le rezan a alguien equivocado o esa mojigatería del amigo de Sor Buitre les ha reblandecido el cacúmen y les ha restado fuerzas, porque corren menos que un glaciar (por decir algo blanco y sucio).
Vamos, que no nos salva ni la paz ni la caridad.

miércoles, diciembre 21, 2005

NO A LA OPA

El hecho de que sea, desde mi más tierna edad física (en cuanto a la mental mantengo la misma desde entonces), apasionado fan del gas natural no empece mi posición respecto a la cacareada OPA sobre ENDESA. Antes bien, es por mi cariño a esa substancia que durante mi época de sufrido vecino de Madrid me eximió de cargar bombonas o de terminar de ducharme con agua fría que lucharé con todas mis fuerzas para que no salga adelante la compra de acciones.

Me pregunto y repregunto si Gas Natural sabe lo que va a adquirir. Porque, de saberlo, no se lanzaría a una piscina sin agua, a menos que tuviese un flotador de cámara de tractor que amortiguase el morrocotudo golpe.

Viviendo en una zona en que se baila por Sevillana-ENDESA, no puedo más que pensar que se han vuelto majaras los catalanes. ¿Quién, si no ha perdido el oremus, querría quedarse con ese dechado de chapuzas lesivas que es la eléctrica? ¿Quién en su sano juicio tasaría a buen precio tamaña pandilla de inútiles cortijeros? Como muestra no vale un botón, sino tantos como para dotar a mil sotanas, tantos como microcortes diarios, tantos como apagones, tantos como cambios en la tensión, tantos como ordenadores, electrodomésticos y máquinas industriales estropeados, tantos como millones han de pagar las casas de seguros, tantos como imbecilidades vertidas en los medios de comunicación, tantos...

Señores de la Caixa. Están advertidos, y lo digo por su bien: retiren la OPA o lo lamentarán toda su vida.

miércoles, noviembre 09, 2005

AL FIN

Al fin, tenían razón los de las Azores. Y cuando alguien tiene la razón hay que dársela, mire usté por dónde. Uno se pensaba que lo de las armas químico-biológicas de destrucción másiva consistían en los sudados calcetines de un inspector de hacienda bajito colocando sus pinreles, entre risas insulsas, en la mesa del rancho del monstruo de las galletas (tanto "de" me marea tanto o más que la nefanda imagen) e imitando el tex-mex en plan ópera bufa o zarzuela gringo-escurialense.
Pues no. Me equivocaba. En Irak había armas químicas. Sí. Las que llevó, y tiró, Bush.
Pero no hay que preocuparse, porque, humanitariamente, el nuevo napaln (prohibido por la Convención de Ignorantes de Ginebra) sólo sirve para iluminar el camino a la democracia a los reacios irakíes. En el fondo, OBush es un misionero que les facilita el camino hacia Dios (exterminándolos). No hemos sabido apreciar su infinito amor hacia la humanidad (¿o era el petróleo?).
Es más, en Irak hay cárceles secretas y tortura y asesinatos. Estamos en buenas manos porque todo se hace en pro de los derechos humanos (de los inquilinos de la casa más blanca).
Los daños colaterales y las conculcaciones de derechos son necesarios para que duerman tranquilos nuestros dueños.
¿Criminales de guerra? ¿De qué guerra si esto es una lucha con medios alternativos contra el terrorismo?
A mi me da terror, pero de verdad.

lunes, octubre 17, 2005

DISEÑO INTELIGENTE

Continúa la polémica en los States sobre la necesidad de prohibir la enseñanza de la Teoría de la Evolución en beneficio de la llamada Diseño Inteligente. Dentro de esta última, incluso, hay sus divisiones entre los creacionistas, que piensan (pensar es mucho decir) que el tal Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, y los que dicen que todo es demasiado complejo para que la materia se organice por sí sola. Ante tal pandemia de oligofrenia, debo declarar que la mejor muestra de la validez de la Evolución es que existen Bush Padre, Bush Hijo y Bush Espíritu Santo (el de Florida), ejemplares no suficientemente evolucionados para alcanzar la condición de humanos; ergo hay escalones intermedios. Lo del Diseño Inteligente queda en un chiste de mal gusto viendo el resultado conseguido con el prosimio de la Casa Blanca.
Bruno Jordán

martes, septiembre 27, 2005

APOCALIPSIS

Escribe un tal Exilio en el foro, que recomiendo, de www.hornachos.es :

Tras las declaraciones del Guardián de la Reserva Espiritual de Occidente (Sr. Aznar) sobre un inminente cambio de régimen, se me plantean serias dudas:
-¿Se levantará la losa del Valle de los Caídos y volverán banderas victoriosas portadas por Su Excremencia?
-O por lo contrario ¿Llegará de una puñetera vez la III República?
-¿Habrá café para todos?
-¿Tal vez D. Josemary ha descubierto una dieta mágica?
-Dí, papá ¿Dónde está el buen Dios?
-Y, por último: ¿alguien sabe dónde he dejado las llaves?
Están locos estos romanos.

jueves, septiembre 15, 2005

PELETERÍA Y MORROS

Recomiendo (sólo para estómagos medianamente duros) leer lo aparecido el 14-9-05 en el diario HOY ( http://www.hoy.es/pg050914/prensa/noticias/Contraportada/200509/14/HOY-ULT-195.html )
De homo sapiens, si es que alguna vez lo hemos sido, hemos pasado a homo stultus destruens var. coprofagus.
De la piel de los asesinados por el sistema, directamente a los morros de la Berrocal o de algunas (nunca mejor dicho) pellejas de la jet-set.
Sé que de algo tan horrible no se puede sacar siquiera una gota de humor. Pero reir es lo único que se puede hacer para no autofusilarte.

martes, septiembre 06, 2005

CONTRAÉPICA V

HURACÁN

El cuatrienal emperador ha decidido
ayudar a sus súbditos maltrechos.
Ayúdese, ha dicho, a quien lo pague
o bien pueda pagarlo en el futuro
y mueran los esclavos aplastados
por mi ley y mi orden. No habrá sitio
para que coman, duerman, caguen, vivan
los que nada tuvieron. ¿Qué pretenden?


Y otra vez bisbisean los vicarios:
te succionamos, Sire, lo que sea,
aunque sea pagando; tú nos pagas.

viernes, septiembre 02, 2005

ACLARANDO

Las mentes bienpensantes, que suelen coincidir con las lenguas viperinas (varones que hubieran deseado ser monjas, hembras que querrían ser inquisidores), no alcanzan a comprender la radical (de raíz) libertad que reclamo para mí y para ell@s.
Atónitos, no responden, ellos creen que imbuidos de su verdad. Y barruntan que la lógica (qué sabrán) está de su parte.
Ignoran que, en cualquier silogismo, hay tres partes. Y ellos creen que la primera (llámese dogma o cotilleo) equivale a la tercera o conclusión. Algo se les ha quedado en el trasiego de lo que, pobrecitos, piensan que piensan. Deberían (somos electroquímica) revisar sus conexiones.
Hoy, en los periódicos, salta la "noticia" de que entre el chimpancé y el hombre hay apenas un 1 % de diferencia en la secuencia genética. En algunos casos, yo lo reduciría al cero total, e, incluso, a millones de años evolutivos atrás; porque hasta un antepasado lejano de un chimpancé puede superar, en funcionalidad emotiva, a los de la foto de las Azores.

jueves, septiembre 01, 2005

DIGRESIONES DE BRUNO JORDÁN III

* 101 *
Tras tantas y tantas reuniones
tras tanto trasegar en discusiones
tras tantas teoréticas cuestiones
tras tantas cuantificantes ilusiones:
Hemos decidido
vendernos al mejor postor.

* 102 *
El hombre donde no hay ministerios (o consejerías) se los inventa y de lo que no es rentable saca familias ricas, paladeándolo luego como presunta (por presuntuosa tal vez) modernidad.

* 103 *
Propuesta de nuevo sacramento: la soltería (que no el celibato). Hasta los agnósticos haríamos votos.

miércoles, agosto 31, 2005

CANCIONCILLA

I
Se me escapan
miles de etcéteras
para añadirse a ti
cuando callas.
Divagan juguetonas
las horas que tú y yo
pintamos de colores
y abstracciones alcohólicas.
II
Siempre
que tecleo
equivocadas letras
en mi máquina tartana
me persiguen
tus ojos de bisutería
contando asfalto
y recorriendo lunas tímidas.
Se pueblan mis desiertos
de pájaros
desiguales y atónitos
y de manos
tendidas a tu piel entera.
III
Hacia tu cuerpo entero una marea
viene y va de manos extendidas
como árbol que palpara flexible
con las yemas tu piel
buscando la humedad no confesable
que le mantenga vivo
resbalándose así por tus sudores.

martes, agosto 30, 2005

CONTRAÉPICA IV

El cuatrienal Emperador ha decidido
ensañarse en el castigo a los asirios.
Convocados que han sido
los heraldos de fuego, reunidos
los sátrapas de las industriosas provincias,
aleccionados los arúspices, no fuera
que tras las nocturnas libaciones
sus bocas emitieran augurios fastidiosos,
todos sin excepción han coincidido
en alabar tan victoriosa
ocurrencia: —Si vis pacem,
para bellum
— le aclaman aprestándose
al juego y los negocios subsiguientes.

Y el Provinciano Prefecto subalterno
a sus pies gime y se retuerce
no sé si de placer, su gesto
que no es gesto no lo dice,
y bisbisea: —Sire, s'il vous plait,
let me suck your
... (lo que sea,
circunvoluciones cerebrales, sexo...)

martes, agosto 23, 2005

CANCIONES

VUELTA AL PENSAR Y LÁPIZ

De nuevo aquí,
saltimbanqui del grito
hurgando el bajovientre de la vida,
payaso del lenguaje
que quiere dar de sí futuros hielos
mientras mueren las noches en sus brazos,
de una vez por todas recorrido
por voces como piedras en esas horas pardas
lacias que forman costra en los cristales.

Reanudan su baile los vocablos
y el aire, adormecido en los papeles,
en las sienes ulula y hace coro.

jueves, agosto 11, 2005

CONTRAÉPICA III

Atardecer en tonos suaves.
Calidez atemperada por una más que amplia
gama de tonos pastel del magenta al azul.
El horizonte marino se te aparece imposible de definir.
Sería inútil pensar que cielo tierra y mar fueran cosas distintas.
Nadando calmosamente bucearías sin parar entre el agua y la arena.

Tú que vuelves. Sentado frente a ello percibes
cómo a veces el estruendo de la fábrica de abonos
sobrepasa al del mar tal que llamara
la atención sobre la falsedad de lo idílico.

Barcos de pesca. Salida acompasada. Luciérnagas marinas.
Motores: po-po-po-pó.
Siempre preguntándote dónde iban
cuando desaparecían al noreste y con ellos
el sonsonete de todas las noches.
Titilaban algunos crees que cerca.

Todo se ha o lo han transformado.
Y es lo irreversible de tales cambios
la primera señal de un tiempo que creías
se había detenido para ti en aquellos años agridulces.

Hace treinta que llegaste y dieciséis de tu última partida.
Se dice pronto: tanta ausencia y aún piensas
que todo se habría ralentizado aguardándote.
¡A ti!. A ti, adolescente sempiterno que no se reconoce
en los espejos ahora irisados de azogue cuarteado.

La humedad que olvidaste se te apega
de mala manera a la ropa al cuerpo,
sobre todo a las axilas sienes cogote
esa nuca que te lleva la mirada al suelo maldito cheposo
y te hace los últimos rizos casi pastosos. Sientes
cómo te descienden los sudores hasta ese punto.
Bien pudiera ser piensas que el cuero cabelludo
se te hubiese acarcavado y todo
cuenca canosa confluyese en la nuca
para manchar de grasa agua y sales
corrosivas el cuello de tu camisa.
Como las sábanas secas en apariencia pero siempre
chorreando impidiendo el descanso
cual si de una sauna se tratase incluso en noches frías.

Buscas refugio en la ducha pero la toalla te devuelve
continuamente el agua que tu cuerpo le proporciona
te expulsa al jardín medio en cueros casi braceando
en un espeso aire incapaz de secar tu piel perlada de gotitas.

Recuerdas la línea de playa más cercana
vista desde el aborto arquitectónico que es la Casa
de Baños siempre inútil. Aquí justo aquí
había escaleras con los primeros no sabes cuantos
escalones cubiertos de arena. El agua
casi los lamía en algunas mareas espectaculares
dejando a su pie líneas de puntitos negros
alquitrán de barcos moribundos. Con la brea
algas marrones ásperas desde siempre inertes.

Aquí, justo aquí, comenzaban las razzias
después de la merienda-cena. Los chavales por su parte
y las niñas por la suya de mediar gamberradas.
Las bebidas corrían por cuenta de los arrendatarios
de las casetas que todavía no habían sido retiradas.
Ni la del Capitán General a rayas verdiblancas
mucho más grande y con mejor cerradura que el resto
se libraba de vuestra curiosidad vandálica.

Arqueología de post-postguerra que podría servir
para conocer costumbres y hasta vicios:
los primeros Play-Boy que visteis requisados
de una minúscula caseta azul cuyo
candado no aguantó el primer golpe.

Ya entonces podía contigo
el aroma de la delincuencia.

viernes, julio 29, 2005

REQUIEM POR EL TAMAGOCHI

Me s'ha morido el tamagochi (mi ordeñador). Por ello, y hasta que me lo resuciten o tenga pelas para otro, dependo de la caridad ajena o de los ciber para implementar esta bitácora.
Perdonad los silencios esporádicos.
Aunque, bien pensado... me agradeceréis que me calle a ratos...

martes, julio 26, 2005

CANCIONES I

(Nota: Puede este poema ser leído en cualquier orden. La colocación de las estrofas sólo cambia imperceptiblemente el tono, pero no el sentido)

CANCIÓN DEL DULCE DESALIENTO

Se ha doblado la pauta de la noche.
Desciende a lo sereno
para tomar asiento en los cerebros.
No hay ni habrá
signo de lucha.

¡Ah la tarde
risueña que acuchilla el cansancio!
En los ojos ideas aun vívidas
y el regusto de olores ondulantes.

Mézome ya indolente
sin intención de huella
que no sea tan sólo insinuada
para volverse pasto de otras huellas.

¡Ah el recuerdo!
Que diese fuerza o al menos colorido
o cuerpos, o voces, algo reconocible
para decir que sí, que no es fantasmas
lo que ansiábamos.

Definitivamente:
me asumo como reo
de la desesperanza que desechan
por sobrera los más aventajados
en el arte fatal
de la clarividencia.